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¿Cuál es el perfil psicológico de un acosador?

Acosador

Para poder analizar el perfil que puede tener un acosador, deberíamos primero comprender qué significa ser un acosador, y de qué manera se lo puede reconocer.

¿Qué es un acosador?

El acosador, es una persona que emplea como medio de llamar la atención el acoso, lo que significa hostigar, manipular y molestar a otra persona para conseguir algo a cambio de esa pesada carga que deposita, por lo general, de manera violenta e insistente sobre su víctima, que puede ser su pareja, la mayoría de las veces, o cualquier otra persona con la que tenga o no una relación afectiva.

¿Quién puede ser un acosador?

El acosador es la primera víctima, víctima de sí mismo, víctima de una infancia infeliz en la que no había habilidades para transmitir el bien y el amor y en la que no pudo desarrollar las habilidades para controlar sus emociones.

Porque sí, debemos aprender a amar o, mejor, debemos aprender a mostrar nuestro amor de manera que nos libere y no encierre ni sofoque al otro. El amor se aprende, y también se aprende a darlo y recibirlo, cuando ese aprendizaje, que se da en los primeros años de vida, no ha estado presente, la persona estará limitada en el desarrollo de esa habilidad de dar y demostrar afecto.

El acosador es el que muy a menudo ha sido ignorado como niño, provocando así un comportamiento en la edad adulta dirigido a la búsqueda continua de llamar la atención, la búsqueda espasmódica de manifestaciones de afecto para tener una confirmación continua y obsesiva.

El acosador es una persona insegura de si misma, a pesar de su máscara de hombre fuerte y decidido, es alguien que, durante su infancia, tuvo un padre que le dio una bofetada para alentarlo o que mostró consideración hacia él solo y exclusivamente por las reprimendas y denigrándolo.

Entonces el niño aprende que: “si grito fuerte, papá me escucha, si lloro hasta que me desmayo, obtendré el juguete que quiero, si golpeo y hago escándalo mamá y papá recuerdan que existo“.

¿Cómo elige a sus víctimas un acosador?

¿A quién buscará un acosador adulto como compañero? Ciertamente, no es alguien con un estilo de apego saludable, sino alguien con quien competir, la clásica frase “identificación con el agresor” referida por el psicoanalista Sándor Ferenczi, señala que el acosador se volverá similar a lo que siempre el ha vivido. A causa de sus inseguridades, desahogará con su pareja todos sus traumas de una manera pasiva-agresiva.

El acosador buscará a su víctima con cuidado y dedicación, alguien con quien sentirse fuerte, alguien a quien encantar, conquistar, que sea totalmente dependiente de él, a quien pueda controlar de manera continua y devastadora.

 ¿Cómo las acosa?

No hay democracia en la relación, siempre hay disparidad, la misma disparidad a la que ha sido sometido el acosador toda su vida. De niño aprendió a pensar: “No soy nadie sin mi padre o mi madre, sin ellos no existo“, y ya en la relación adulta: “Sin mí no existes, no puedes dejarme porque sin mí no eres nada, así que nadie te querrá cuando no estés conmigo” provocando una actitud en la víctima de dependencia extrema de la pareja, de adicción total, para no poder hacer nada más y, sobre todo, destruir ese poco de autoestima que, como un caparazón, cada uno de nosotros, ha creado enormes dificultades.

¿Qué puedes hacer si eres tú el que se da cuenta de que tiene actitudes obsesivas y agresivas hacia su pareja?

En primer lugar, reconocer que nosotros podemos ser los acosadores es un paso que muy pocos pueden hacer, haciendo un mea culpa, reconociendo que has cometido errores, sin la presunción de considerarte siempre perfecto y apuntando tu dedo siempre hacia el otro. Esta es una actitud que apunta a la autoconciencia y mejora las relaciones con los demás.

Tener momentos de enojo hacia la pareja es natural, estamos hechos de carne, no solo de alma; usar la manipulación en pequeñas dosis, querer controlar alguna situación, querer saber qué está haciendo el otro y dónde está es una manera de sentirse seguro, y si eso no se convierte en el protagonista de la relación, se puede considerar como parte de nuestra búsqueda de seguridad.

Sin embargo, la campana de alarma comienza a sonar cuando los comportamientos de ira son demasiado frecuentes y destructivos, no hay solución al conflicto, nunca, y cuando el control del otro se vuelve obsesivo, de manera cotidiana, tan obsesivo como para hacernos olvidar todo lo que tenemos alrededor.

Siempre recuerda que el amor no es destruir el uno al otro, pero perdonar, comprender, aceptar, porque la pareja perfecta por suerte no existe y eso puede siempre ayudarnos a mejorar.

Fuente: Jonhatan Treviño